viernes, 18 de mayo de 2012

¿Y si...?

- ¿Y si todo lo que conocemos es sólo producto de un sueño de alguien? ¿Y si cuando soñamos nosotros también creamos vida en algún universo paralelo?

- ¿Y si en lugar de movernos nosotros cuando caminamos, realmente movemos el espacio que nos rodea?

- ¿Y si todo el Universo es sólo una partícula de algún objeto en algún otro lugar? ¿Y si cada partícula de este universo alberga otro universo entero dentro?

- ¿Y si cuando dejamos de ver algo esto desaparece? ¿Y si al cerrar un cajón lo que se halla dentro cambia o muta de alguna manera?

- ¿Y si reencarnamos en seres de otras especies?

- ¿Y si el ser humano no está capacitado para procesar toda la información que le llega, y realmente nos encontramos rodeados por miles de objetos, seres y formas de energía que no somos capaces de concebir siquiera?




Creo que la respuesta a todo esto podría ser: La vida seguiría su curso sin alteración alguna. Pero bueno, la idea de esta entrada es realizar ese tipo de preguntas incontestables (a priori) cuya respuesta no determina ningún cambio sustancial (a priori). Además de paso rompemos la sequía de 2 meses.


PD: Posiblemente le dedique alguna entrada completa a alguno de los items.

4 comentarios:

  1. Si vas a escribir sobre alguno de las preguntas en alguna futura entrada, m gutaria leer de:
    - ¿Y si todo lo que conocemos es sólo producto de un sueño de alguien? ¿Y si cuando soñamos nosotros también creamos vida en algún universo paralelo

    LoPolñ

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  2. Fragmento de La Torre Oscura (el pistolero) de stephen king

    "El universo -explicó- presenta una paradoja de­masiado vasta para que una mente finita pueda abar­carla. Del mismo modo en que el cerebro viviente no puede concebir un cerebro no viviente -aunque tal vez crea que sí puede-, la mente finita no puede abar­car el infinito."

    Posteriormente sigue:

    "Pero vamos a lo más prosaico: »El mayor misterio que presenta el universo no es la vida, sino el Tamaño. El Tamaño abarca la vida, y la Torre abarca el Tamaño. El niño, que se siente a gusto con lo maravilloso, pregunta: ¿Qué hay más allá del cielo, papá? Y el padre contesta: La oscuridad del espa­cio. El niño: ¿Qué hay más allá del espacio? El padre: La galaxia. El niño: ¿Más allá de la galaxia? El padre: Otra galaxia. El niño: ¿Y más allá de las demás galaxias? El padre: Nadie lo sabe.
    »¿Lo ves? El tamaño nos derrota. Para el pez, el lago en que vive es el universo. ¿Qué piensa el pez cuando es arrastrado por la boca más allá de los plateados lími­tes de la existencia, hacia un nuevo universo donde el aire lo sofoca y la luz es una demencia azul? ¿Donde enormes bípedos sin branquias lo meten en una caja as­fixiante y lo cubren de hierbas mojadas para dejarlo morir?
    »O podríamos tomar la punta de un lápiz y am­pliarla. Llegamos así a realizar un descubrimiento que nos aturde: la punta del lápiz no es sólida, sino que se compone de átomos que giran y orbitan como un tri­llón de planetas enloquecidos. Lo que nos parece sólido no es en realidad más que una floja red, soste­nida por la gravitación. Si encogiéramos hasta el ta­maño adecuado, las distancias entre estos átomos se convertirían en leguas, golfos, eones. Y los átomos es­tán a su vez compuestos de núcleos y protones y elec­trones que giran a su alrededor. Podríamos dar un paso más, hasta las partículas subatómicas. Y luego, ¿qué? ¿Taquiones? ¿Nada? Claro que no. Todo en el universo desmiente la nada, sugerir una conclusión a las cosas es una imposibilidad.
    »Si cayeras hacia el exterior, hacia el límite del uni­verso, ¿encontrarías una cerca y carteles que indicaran CALLEJÓN SIN SALIDA? No. Quizás encontraras algo duro y redondeado, como el polluelo debe de ver el huevo desde el interior. Y si quebraras esa cáscara, ¿qué gigantesca y torrencial luz brillaría a través de tu agujero en el límite del espacio? ¿Atisbarías acaso por él y descubrirías que todo nuestro universo no es sino una parte de un átomo de una hoja de hierba? ¿Te ve­rías quizás obligado a pensar que al prender fuego a una ramita estás incinerando una eternidad de eterni­dades? ¿Que la existencia no se yergue hacia un infi­nito, sino hacia una infinidad de ellos? "

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  3. Genial fragmento. No sabía de él, algún día lo leeré entonces. Gracias por el aporte!

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  4. es el final del libro, me alegro que te haya gustado, saludos!

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